Libro XXIV – Traidor

traidor

Él es mi Primarca –respondió Khârn, sin saber si Argel Tal pudiera oírle. A veces el discurso silencioso funcionaba, a veces no.

+Un Primarca debe ser fuente de inspiración. Nuestra genética superior debe reaccionar ante la sola vista de ellos. Pienso en los momentos en que puse los ojos en Horus, Dorn, o Magnus. He visto a Sanguinius y Russ con mis propios ojos, también. Lo suficientemente cerca como para tocar sus armaduras. Piense en cuando tú te paraste ante Lorgar: el respeto y reverencia que latía a través de su sangre. El sentimiento de nuestro código genético reaccionando ante la cima del proceso humano. Nunca he sentido ese respeto instintivo en Angron, Khârn. Ni una sola vez. Es una cosa rota. Devastador, sin rival en la guerra, pero roto.+

Khârn no contestó porque no había nada que decir. Abordó su cápsula de desembarco, subiendo la rampa y a la espera de un esclavo con túnica para asegurar su arnés de sujeción.

+ Lo sientes. Lo sientes también.+ -dijo Argel Tal.

En el silencio psíquico, Khârn confesó algo que nunca había dicho fuera de su legión.

Sí, sentimos lo mismo. Los Devoradores de Mundos, todos y cada uno de nosotros sabemos lo que sabes.

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